Litio: Argentina busca ir más allá en la cadena de valor, en tiempos récord de proyectos
El sector minero argentino habla de un “renacer” de la mano de casi 40 de proyectos para exploración y explotación de salmueras de litio en Catamarca, Salta y Jujuy.
Nadav Rajzman, que lideró la Dirección Nacional de Promoción y Economía Minera en Ministerio de Desarrollo Productivo hasta abril pasado, dialogó con Convergencialatina sobre la relevancia de avanzar sobre los eslabones de la cadena de valor, incluso antes de la instancia de fabricación de baterías. “Se necesita un desarrollo del mercado de electromovilidad local. Son procesos que llevan tiempo. Los yacimientos de litio demandan tecnología para su operación, y aquí está la oportunidad ahora, en el desarrollo de proveedores, la mejora de capacidades, de manera de aprovechar el insumo que tenemos”.
Argentina es el cuarto productor mundial de litio, detrás de Australia, Chile y China. Al igual que en el resto del Triángulo del Litio (compuesto por Argentina, Chile y Bolivia), el mineral se extrae de salares. En Australia se obtiene de graníticos de pegmatita (espodumena), es decir, de roca dura. En este último caso, se observa una menor incidencia de factores meteorológicos y climáticos y tiempos requeridos para la obtención inicial del recurso; pero el Opex para este tipo de extracción supera al requerido en los salares. En cambio, los salares presentan menor Opex y un impacto ambiental relativamente bajo, pero mayor Capex y tiempos de hasta 10 años para las fases de prospección y ensayos en la planta piloto.
Actualmente en los dos yacimientos activos y en producción en Argentina, localizados en Catamarca y Jujuy, se producen anualmente unas 37.500 toneladas de carbonato de litio. Se trata de Mina Fenix, a cargo de Livent, en Catamarca; y Salar de Olaroz, de Orocobre, Toyota Tsusho y la estatal jujeña JEMSE, en Jujuy. La secretaría de Minería anticipó en el reciente XI Seminario Internacional Litio en Sudamérica que la perspectiva es sextuplicar esta producción dentro de cinco años, hasta 200.000 toneladas. El proyecto más próximo a sumarse con explotación activa es el de Cachauri-Olaroz, de Lithium Americas (45% de las acciones), JEMSE (8,5%) y Ganfeng Lithium (45,75%), que iniciarán la fase de producción a fin de este año y podrían producir volúmenes significativos en 2023. La previsión es que Argentina logre superar a Chile en producción de litio hacia 2027, según Benchmark Mineral Intelligence.
El resto de las iniciativas (ver listado aparte) ocupa la agenda económica y política de las tres provincias poseedoras del mineral, reunidas con este foco bajo la Mesa Nacional del Litio desde abril de 2021. Al fin y al cabo, Catamarca, Jujuy y Salta cuentan con 19 millones de toneladas métricas de recursos de litio que aún no se dan explotado, el doble que Chile. Eduardo Gigante, coordinador de la Mesa del Litio que se reunió en Salta el mes pasado, expresó a Convergencialatina que se busca una estrategia común para coordinar acciones: dado que cada provincia se rige por normativas propias, urge una alineación para avanzar en la producción a gran escala.
Baterías. La iniciativa de mayor avance sobre los eslabones de la cadena de valor del litio hasta el momento en el país es liderada por la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), el Conicet y el brazo tecnológico de YPF, Y-TEC. En la capital bonaerense comenzará a funcionar a partir de fin de 2022 una planta de baterías y celdas de ion litio, para la cual ya se invirtieron alrededor de US$ 7 millones. Félix Requejo, director Científico de la planta, indicó a Convergencialatina que la previsión de producción es de 5 megawatts hora/año -unas 300 celdas diarias-, en tanto el establecimiento funcione con un turno; y 12 a 15 megawatts hora/año, cuando pase a tres.
Para el abastecimiento de la planta, se requerirán 15 toneladas de carbonato de litio por año. “Estamos avanzando con un acuerdo con el gobierno de Catamarca, ya que está interesado en dar valor agregado a lo que se extrae en la provincia”, confió Requejo.
Precio. El factor precio es uno de los principales puntos de discordancia para el negocio actual de litio en Argentina. Prueba de ello fue el escándalo protagonizado a fin de mayo por Livent, que factura el litio un 843% más barato que el proveniente de Jujuy, según denunció una auditoría de la Agencia de Recaudación de Catamarca. En efecto, la empresa estadounidense comercializó el kilo de litio a US$ 6,41, cuando en simultáneo en Jujuy se vendía a US$ 54,07.
La sospecha de subfacturación volvió a poner sobre la mesa la discusión sobre precios referenciales para el litio. En línea con lo sucedido con Livent, un informe de Cepal sobre la renta del mineral reportó que el precio de las exportaciones de litio de Argentina es en promedio un 58% inferior al del mercado.
La denuncia contra Livent desencadenó en la Resolución General 5197/2022 de la AFIP, que estableció los valores referenciales de exportación del carbonato de litio: de este modo se fijó un precio de referencia en US$ 53 el kilo. Para Eduardo Gigante, a su vez asesor de mineras de litio, la gestión de un precio mínimo es compleja, por lo que consideró importante trabajar en cómo implementarlo. El especialista se postuló a favor de una banda en la que el precio pueda moverse.
La Cámara Latinoamericana del Litio, conformada a mediados de mayo, tiene como principal objetivo la formación del precio de referencia del litio. Su presidente, Pablo Rutigliano, alertó a Convergencialatina que no existe visibilidad del precio del mineral en el mercado argentino actual, ya que se restringe a contratos entre privados. “Bregamos por que el litio sea un commodity, y por su tipificación para que se puedan establecer contratos limpios. Es necesario que haya un valor de origen concreto coherente para llevar a la economía de electromovilidad”, opinó.
La entidad, integrada por la Cámara Minera Chilena, su par peruana y la Cámara Argentina de Empresarios Mineros, propone a su vez digitalizar los contratos de compra y venta y el desarrollo de un Índice del Litio común para América latina.
América latina
Bolivia. Posee más de 21 millones de toneladas de litio. Tras su nacionalización, el Gobierno intenta aplicar nuevas tecnologías para la extracción directa del mineral mediante un modelo que sustituya las piscinas de evaporación (esta última alternativa demora hasta once meses). Seis empresas clasificaron para encarar pruebas piloto de Extracción Directa de Litio (EDL) con salmueras de los salares bolivianos, y serán consideradas para establecer negociaciones con Yacimientos de Litio Bolivianos (YLB). Se trata de Lilac Solutions, Catl Brunp & Cmoc, Citic Guoan/Crig Fusion Enertech, Uranium One Group y Xinjiang Tbea Group Company.
Chile. Las inversiones privadas de la chilena SQM y la estadounidense Albemarle han concentrado la extracción de litio. Mientras tanto, el flamante presidente Gabriel Boric reafirma su promesa de campaña de crear una Empresa Nacional del Litio. “Desarrollaremos, de manera intersectorial y con participación de las comunidades, una propuesta que garantice a las futuras generaciones energía limpia y sustentable para Chile y nuestro planeta”, sostuvo durante su primera cuenta pública. La ministra del área, Marcela Hernando, adelantó que antes de fin de año se presentará una propuesta de institucionalidad y modelo de negocios en este sentido. La empresa, controlada por el Estado, participará en la exploración, explotación y en la manufactura de elementos de batería.
La convención que redacta la nueva Constitución chilena avaló un artículo que determina que "el Estado tiene el dominio absoluto y exclusivo sobre todas las minas del país".
Brasil. La explotación está concentrada en el estado de Minas Gerais, a cargo de pymes. La principal empresa es Compañía Brasileña de Litio, en el yacimiento de Cachoeira: su capacidad de producción es de 30.000 toneladas por año.
Perú. La empresa Macusani Yellowcake, de la canadiense Plateau Energy Metals, postergó hasta 2023 el inicio de la explotación de litio en un yacimiento de la región de Puno: allí estima que la producción alcanzará las 60.000 toneladas en los tres primeros años. Si bien las reservas de litio en Puno se calculan en 2,5 millones de toneladas, el mineral está asociado al uranio, lo que dificulta su explotación.