Atenea: el satélite argentino que voló en Artemis II y validó tecnologías para espacio profundo

Grupo Convergencia

El satélite argentino Atenea participó de la misión Artemis II de la NASA, convirtiéndose en una de las cuatro cargas útiles secundarias seleccionadas para acompañar el vuelo tripulado que sobrevoló la Luna.

Durante su presentación en Satellite Map Day 2026, Fernando Filippetti, director del Proyecto ASTAR de la Universidad de Buenos Aires (UBA), repasó el desarrollo del nanosatélite y el trabajo realizado por instituciones académicas y científicas argentinas para cumplir los requisitos técnicos y de seguridad exigidos por la agencia espacial estadounidense.

Atenea es un satélite de dos unidades y aproximadamente diez kilogramos de masa desarrollado en el marco de los Acuerdos Artemisa, iniciativa internacional impulsada por Estados Unidos para promover la cooperación espacial. El proyecto fue liderado por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae) y contó con la participación de la Universidad de Buenos Aires (UBA), la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), la Universidad Nacional de San Martín (Unsam), la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), el Instituto Argentino de Radioastronomía y VENG.

"Argentina logró poner en tiempo y forma un satélite en una misión donde participaron solamente cuatro países." 

La misión presentó una complejidad particular. Al viajar integrada a una misión tripulada, el satélite debió cumplir estándares de seguridad considerablemente más estrictos que los habituales para cargas espaciales. Según explicó Filippetti, la NASA exigió múltiples niveles de redundancia y mecanismos de apagado completo para minimizar cualquier riesgo potencial para la cápsula Orión y su tripulación.

A diferencia de otras cargas secundarias que acompañaron el vuelo, Atenea no incorporó sistemas de propulsión. La decisión respondió tanto a restricciones de tiempo como a los requerimientos de certificación asociados a una misión tripulada. Como consecuencia, el satélite operó durante un período limitado antes de reingresar a la atmósfera terrestre.

Uno de los principales objetivos de la misión consistió en validar tecnologías en condiciones de espacio profundo. Filippetti destacó que se trata de una de las pocas oportunidades disponibles para ensayar sistemas electrónicos fuera de la órbita terrestre y alejados del campo magnético del planeta. La misión también incorporó experimentos vinculados con sensores de partículas, sensores ópticos avanzados y un sistema experimental de posicionamiento capaz de operar por encima de la constelación GPS convencional.

"Después del lanzamiento, toda la operación quedó a cargo de Argentina." 

Otro aspecto destacado fue el modelo de desarrollo adoptado por los equipos participantes. El grupo de la Facultad de Ingeniería de la UBA, conformado principalmente por estudiantes avanzados, desarrolló parte de la electrónica de vuelo utilizando herramientas de software libre para diseño electrónico, simulación, modelado mecánico y programación embebida. Según Filippetti, la estrategia permitió acelerar el desarrollo en un contexto de plazos extremadamente exigentes.

La operación del satélite quedó íntegramente bajo responsabilidad argentina. Una vez completado el lanzamiento, la NASA limitó su participación a la inserción orbital de la carga útil. Las comunicaciones y el seguimiento fueron realizados desde estaciones terrenas ubicadas en La Plata, Tierra del Fuego y el complejo de la CONAE.

Para los equipos participantes, el principal resultado de Atenea no estuvo asociado únicamente a los experimentos realizados, sino también a la capacidad de desarrollar, integrar, certificar y operar un satélite apto para una de las misiones espaciales más exigentes de la actualidad.

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