La frontera difusa entre bancos y fintech en Argentina: una nueva era bajo el paraguas del Open Finance
En este Especial sobre Activos Virtuales, Convergencia ahonda en los nuevos esquemas de negocio y desembarcos de compañías en el país, a partir de la implementación del Sistema de Finanzas Abiertas (SAF), en mayo de 2025. Los fundamentos de la API Economy y el rol de las Fintech en el vertical de créditos y financiamiento.
El ecosistema financiero argentino ingresa a 2026 con señales de cambio. El sector empieza a transitar un período de consolidación, donde la convergencia tecnológica y entre distintos rieles de pago, las definiciones regulatorias y la búsqueda de modelos más escalables marcan la agenda. En paralelo, lo decisivo ya no es el tipo de entidad que presta el servicio, sino la inmediatez y la calidad de la solución, un cambio que borra límites históricos entre actores tradicionales y nuevos players digitales.
La implementación del Sistema de Finanzas Abiertas (SAF), impulsada por el Decreto N° 353/2025 (Poder Ejecutivo, mayo de 2025), fue el movimiento estructural que sentó las bases regulatorias del cambio. Bajo la norma, el SAF -también conocido como Open Finance- tiene como objetivo permitir que personas humanas y jurídicas, mediante su consentimiento expreso, compartan la información con las entidades financieras inscritas ante el Banco Central de la República Argentina (BCRA) para el desarrollo del crédito, la competencia y la inclusión financiera. No se trata solo de abrir datos, sino de estandarizar cómo se comparten y bajo qué reglas: en el corazón de esta dinámica está la posibilidad de acceder información financiera a través de APIs (traducido del inglés, "Interfaz de Programación de Aplicaciones").
Durante un encuentro organizado por la Cámara Argentina de Fintech a fines de 2025, MODO destacó la evolución hacia esquemas app-to-app, un modelo de pagos e integraciones donde las apps se conectan entre sí directamente; Mercado Libre remarcó que el Open Finance nació como una política procompetencia; Poincenot y Ualá enfatizaron que las APIs no solo conectan sistemas sino que permiten crear productos financieros nuevos, al habilitar que distintos actores compartan infraestructura y datos de manera segura, incluyendo la combinación de activos tradicionales con criptoactivos.
Para Naranja X, el potencial está en mejorar el crédito: menor incobrabilidad y capital más eficiente. Según coinciden, la convergencia de datos puede convertir a las fintech en motores del crédito y no solo en actores del sistema de pagos. En este camino, advirtieron, el desafío es regulatorio, en tres sentidos principales: armonizar normas de Nación y provincias, revisar costos impositivos y fortalecer la infraestructura antifraude.
El bimonetarismo, por su parte, dejó de ser una anomalía y se transformó en un vector de innovación. La interoperabilidad de dólares, los pagos cripto desde cuentas bancarias y las liquidaciones inmediatas, abrieron un camino para digitalizar el ahorro. COELSA, la Cámara Compensadora Electrónica, responsable de operar gran parte de la infraestructura que permite las transferencias y pagos interbancarios en Argentina, estimó que habilitar transacciones en dólares 24/7 también aportaría al momento de ebullición del sector, al mejorar la experiencia de usuario.
API Economy. La frontera entre bancos y fintech se vuelve difusa en el marco de una API Economy, es decir, una arquitectura donde sus servicios (pagos, cuentas, validaciones, scoring) pueden abrirse mediante APIs para que terceros los integren y construyan nuevos productos encima.
En su reporte "Perspectivas del Sistema de Finanzas Abiertas", la consultora EY distingue seis modelos de negocio que se abren en un escenario de Open Finance (ver gráfico), tanto para las instituciones financieras existentes como para los nuevos participantes en el mercado: finanzas embebidas, Banking-as-a-service, consumo de APIs. de otras instituciones financieras, servicios financieros personalizados, colaboración con fintech y bancos como mercado de APIs.
El informe a su vez distingue diversas variantes de monetización de estas APIs. Primero, la de precios basados en el uso, en el que las instituciones cobran en función del número de llamadas a la API, los datos recuperados o las transacciones procesadas. Por ejemplo, un banco podría cobrar a una app fintech una tarifa por cada llamada a la API realizada para recuperar los saldos de las cuentas o los historiales de transacciones.
Bajo los modelos "freemium", el acceso básico a la API se ofrece de forma gratuita, con funciones premium disponibles por una tarifa. Esta opción tiene el potencial de convertir un porcentaje de usuarios -atraídos inicialmente por la posibilidad de acceso gratuita- en planes de pago para funciones avanzadas.
En el esquema de pago por transacción, las API habilitan el cobro de una tarifa por cada transacción procesada, variante particularmente asociada al procesamiento de pagos.
Otro modelo en la baraja es el de suscripciones, bajo el que los clientes pagan una membresía por el acceso a las API. De esta manera, una suscripción podría habilitar diferentes niveles de acceso, como recuperación básica de datos o herramientas integrales de análisis financiero.
Una quinta vía de ingresos está en las tarifas: en el área de seguros, por ejemplo, las API permiten obtener tarifas al referir a clientes a los proveedores de seguros.
El 15% de los créditos otorgados corresponde a fintechs
En la Argentina existen 35 millones de créditos vigentes en el sistema financiero, y 20 millones de personas con al menos uno, según datos compartidos en el evento de la Cámara Argentina de Fintech. De ese universo, 5,7 millones tienen un crédito Fintech, es decir, usuarios que no acceden a productos bancarios tradicionales. Sin embargo, mientras el 15% de los créditos otorgados corresponde a fintech, solo el 2% del volumen total está originado por ellas. Es decir, el volumen de usuarios con acceso al crédito digital va en crecimiento, pero con montos bajos y limitada capacidad de expansión.
TodoPay opera principalmente a través de convenios con cooperativas y mutuales, que permiten descontar cuotas directamente de los haberes de sus socios. Este esquema mantiene niveles de mora inferiores al 3% y responde a consumos cotidianos con montos que van de 2 a 4 millones de pesos.
Eduardo Luzuriaga Madariaga, director de TodoPay, consideró que debido al marco regulatorio
Vigente, las fintech del segmento de créditos y microcréditos cuentan con menos herramientas de cobro habilitadas, lo que deriva en esquemas basados en pagos voluntarios y un seguimiento más intenso del cliente. Esto, según expuso en diálogo con Convergencia, obliga a las empresas a incorporar sistemas de gestión más sofisticados, incluyendo inteligencia artificial, para ordenar grandes volúmenes de datos y detectar patrones de mora.
Para Matías Friedberg, cofundador de la fintech Ixpandit, existen dos factores estructurales que impactan en el segmento: una economía inestable que limita montos y plazos, y un marco regulatorio sin herramientas para reducir el riesgo operativo de las compañías. Esto obliga a que gran parte del crédito digital opere con importes pequeños y procesos de cobranza manuales o semiautomatizados. Para el ejecutivo, si la macroeconomía acompaña y el regulador habilita nuevas herramientas, la adopción podría crecer, en términos de montos, por sobre la cantidad de usuarios.